En el Estado de México se hablan decenas de lenguas indígenas, pero cinco pueblos tienen raíces originarias en el territorio: mazahua, otomí, nahua, matlatzinca y tlahuica. De acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2020, en la entidad había 417 mil 603 personas de tres años y más que hablaban alguna lengua indígena. De ellas, 308 mil 587 pertenecían a los cinco pueblos originarios mexiquenses, mientras que 103 mil 767 eran hablantes de lenguas de pueblos indígenas provenientes de otras entidades del país.
Entre los cinco pueblos originarios, el mazahua es el más numeroso al registrar 132,710 hablantes, seguido del otomí con 106,534; el nahua con 71,338; tlahuica con 2,178 y matlatzinca con 1,076
El Consejo Estatal para el Desarrollo Integral de los Pueblos Indígenas del Estado de México (CEDIPIEM) reporta 308 mil 587 personas correspondientes a los pueblos originarios en su estadística general, mientras que la suma de hablantes por lengua que publica para los cinco pueblos da 313 mil 836.
En México existe una población muy grande de ciudadanos pertenecientes a comunidades indigienas, siendo los pueblos originarios una parte muy importante de la sociedad, pero también de la más resagada. / Foto: Archivo AD Noticias.
¿Dónde viven los pueblos indígenas del Edomex?
La población indígena originaria se concentra principalmente en regiones rurales del norte, noroeste, centro y sur del estado, aunque también tiene una presencia importante en municipios metropolitanos.
Mazahuas: el pueblo indígena más numeroso
Los mazahuas se concentran principalmente en el noroeste y centro-occidente del Estado de México. Entre los municipios donde hay presencia de esta comunidad, se encuentran: Almoloya de Juárez, Atlacomulco, Donato Guerra, El Oro, Ixtapan del Oro, Ixtlahuaca, Jocotitlán, San Felipe del Progreso, San José del Rincón, Temascalcingo, Valle de Bravo, Villa de Allende y Villa Victoria
En 2020 se contabilizaron 132 mil 710 hablantes de mazahua. Además, el CEDIPIEM señala que nueve de los 13 municipios donde se concentra esta población presentan un alto grado de marginación, entre ellos San José del Rincón, San Felipe del Progreso, Ixtlahuaca, Temascalcingo y Villa Victoria.
Mapa del Estado de México donde se señala la población mazhua mexiquense. / Foto: Archivo AD Noticias.
Otomíes: presencia en el Valle de Toluca y norte del estado
El pueblo otomí o hñähñu es el segundo más numeroso, con 106 mil 534 hablantes, su presencia se distribuye en 21 municipios, entre ellos: Acambay, Aculco, Amanalco, Chapa de Mota, Jilotepec, Jiquipilco, Lerma, Metepec, Morelos, Ocoyoacac, Otzolotepec, Temascalcingo, Temoaya, Tianguistenco, Timilpan, Toluca, Villa del Carbón, Xonacatlán y Zinacantepec.
La comunidad otomí es la segunda más grande del terriotrio mexiquense. / Foto: RRSS.
Nahuas: una población que también vive en zonas urbanizadas
El náhuatl es la tercera lengua originaria con mayor número de hablantes, con 71 mil 338 personas en 2020. Hay presencia principalmente en municipios como Amecameca, Capulhuac, Joquicingo, Malinalco, Sultepec, Tejupilco, Temascaltepec, Tenango del Valle, Texcoco, Tianguistenco y Xalatlaco.
El nahuatl es la tercerla lengua originaria con mas hablantes en el territorio. / Foto: RRSS
Tlahuicas
El pueblo tlahuica es el de menor tamaño entre los pueblos originarios del estado, con 2 mil 178 hablantes en 2020. Su principal zona de asentamiento se encuentra en Ocuilan, particularmente en comunidades como Ahuatenco, San Juan Atzingo, Santa Ana, Lomas de Teocalzingo, Santa Lucía, San José Totoc y Santa María Nativitas.
Matlatzincas
El pueblo matlatzinca registró apenas mil 76 hablantes en 2020. Actualmente, sus descendientes se concentran principalmente en San Francisco Oxtotilpan, Temascaltepec, comunidad localizada aproximadamente a 30 kilómetros al suroeste de Toluca.
El propio CEDIPIEM advierte que la lengua prácticamente desapareció del Valle de Toluca y que sus hablantes se concentran actualmente en esta comunidad.
Una década de avances para los pueblos indígenas
Desde 2016, las políticas públicas del Estado de México han incorporado progresivamente nuevos mecanismos de atención. El cambio más importante no está únicamente en la cantidad de programas sociales, sino en que la política indígena comenzó a incorporar derechos lingüísticos, participación política, justicia intercultural y reconocimiento de comunidades.
Los avances en materia de derecho han avanzando considerablemente para las comunidades originarias del Edomex. / Foto: RRSS.
Más comunidades indígenas reconocidas
Uno de los principales avances ocurrió en 2024 cuando el Congreso mexiquense incorporó 103 nuevas comunidades al Listado de Localidades Indígenas, por lo que el número pasó de 741 a 844 comunidades reconocidas, también aumentaron de 43 a 48 los municipios con comunidades indígenas reconocidas.
Los municipios incorporados fueron Chalco, Ecatepec, Nicólas Romero, Polotitlán y Teotihuacán
Programas específicos para lengua y cultura
Durante la última década se consolidaron programas sociales dirigidos específicamente a la población indígena.
En 2025, el gobierno estatal operó
Niñez Indígena con Bienestar
Desarrollo Indígena con Bienestar
Bienestar Cultural Indígena
Este último contempla acciones relacionadas con ceremonias tradicionales, gastronomía, música, danza, vestimenta, capacitación y lengua materna.
Además, las reglas de operación de estos programas se publicaron en lenguas como mazahua, otomí, náhuatl, matlatzinca y tlahuica, lo que representa un avance en el acceso de las comunidades a información gubernamental en su propia lengua.
Entre agosto y septiembre de 2025 se reportaron actividades de enseñanza de náhuatl y matlatzinca, incluidos cinco talleres de matlatzinca para 65 personas en Temascaltepec, San José del Rincón y Villa Victoria a fin de preservar la lengua indígena.
Los programas sociales para los pueblos originarios se basan en el resgate de su lengua y en mejorar su calidad de vida. / Foto: RRSS.
Justicia indígena especializada
En 2023 comenzó a funcionar la Sala de Asuntos Indígenas del Poder Judicial del Estado de México, la cual toma en cuenta la lengua, cultura, sistemas normativos, organización comunitaria, contexto social y derechos colectivos
En 2024 resolvió 27 sentencias y en 10 casos ordenó reponer el procedimiento debido a problemas relacionados con la falta de traductores.
El Poder Judicial también ha creado una red de intérpretes y peritos para atender a personas que no hablan español o requieren asistencia lingüística de las siguientes lenguas: náhuatl, otomí, mazahua, mixteco, mazateco, cuicateco, chinanteco y mixe.
Otro avance se produjo en las elecciones de 2024 cuando 17 personas indígenas fueron electas en cargos locales, entre ellas diputaciones, presidencias municipales, sindicaturas y regidurías.
La inclusión de los pueblos originarios en la legislatura y los avances en materia de derecho representan avnces importantes para estas comunidades. / Foto: RRSS
El reto educativo
La preservación lingüística enfrenta un problema que ningún programa cultural puede resolver por sí solo: la transmisión generacional, por ello, uno de los principales pendientes es fortalecer una educación verdaderamente bilingüe e intercultural.
El reto incluye formar más docentes hablantes de lenguas indígenas, desarrollar materiales educativos, incorporar las lenguas desde educación inicial, mantener su enseñanza en secundaria y bachillerato, impulsar su presencia en universidades, producir contenidos digitales y utilizar las lenguas indígenas en plataformas tecnológicas.
El gobierno estatal ha planteado fortalecer la formación de docentes y generar materiales educativos en lenguas originarias, pero el desafío es convertir estas acciones en una política permanente y con cobertura suficiente.
La salud, justicia, seguridad, trámites gubernamentales y programas sociales requieren mecanismos para que las personas puedan recibir información y atención en su lengua.
El Estado de México también enfrenta el desafío de armonizar su marco jurídico con la reforma constitucional federal de 2024 en materia de pueblos indígenas y afromexicanos.
El Estado de México ha avanzado en el reconocimiento institucional de sus pueblos indígenas. Hoy existen más comunidades reconocidas, programas específicos, mecanismos de justicia intercultural, acciones afirmativas electorales y políticas para fortalecer las lenguas originarias.
La verdadera prueba de las políticas públicas será si esas lenguas siguen vivas dentro de una generación, para conseguirlo, los esfuerzos tendrán que ir más allá de las celebraciones y talleres ocasionales: deberán llegar a las escuelas, las familias, los hospitales, los tribunales, los gobiernos municipales, los medios de comunicación y los espacios digitales.
Porque preservar una lengua indígena no significa únicamente conservar una tradición, significa garantizar que quienes la hablan puedan vivir, estudiar, trabajar, hacer trámites, acceder a la justicia y participar en la vida pública sin tener que renunciar a su idioma y a su identidad.
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