El enigmático señor Cosmares
El silencio de los billetes
Una pyme y la venta del siglo
La mala mano de Pedro Zenteno
La beca Barrera Baca
El enigmático señor Cosmares
¿Quién es realmente José Cosmares? A su alrededor se ha construido una leyenda palaciega que lo coloca por encima de secretarios y subsecretarios: escucha, aconseja, corrige y, cuando hace falta, habla por la gobernadora. Una especie de Pepe Grillo de Delfina Gómez, aunque con bastante más poder que el personaje de Pinocho. En los actos oficiales aparece como asesor o representante de la mandataria; también le llaman secretario técnico, pese a que esa figura desapareció jurídicamente en 2022. En los hechos, conversa con alcaldes, destraba obras, atiende conflictos y atraviesa dependencias. Priista de vieja escuela, conoce la maquinaria estatal mejor que muchos de quienes llegaron para transformarla. Quizá por eso Delfina confía tanto en él: Cosmares no tiene poder propio; ejerce el que ella le presta. El misterio no está en saber de dónde viene, sino hasta dónde llega y ante quién responde.
El silencio de los billetes
No es casual que se hable tan poco de la Secretaría de Finanzas. Es diseño. Entre 2024, 2025 y 2026, por esa oficina habrán pasado un billón 176 mil 827 millones de pesos. Allí se decide cuándo fluye el dinero, qué proyecto avanza, qué municipio recibe, qué contrato se paga y para qué acuerdos políticos aparecen recursos. Sin embargo, Óscar Flores permanece lejos del escrutinio que acompaña a funcionarios con mucho menos poder. ¿Cuántos acuerdos, reacomodos y entuertos presupuestales habrán ocurrido sin que nadie se enterara? ¿Cuántas decisiones políticas quedaron escondidas detrás de una modificación técnica o una cifra indescifrable? La tecnocracia también sirve como escondite: que nadie toque al secretario, que nadie pregunte demasiado por la caja. El poder más eficaz suele ser el que consigue que nadie lo mire.
Una pyme y la venta del siglo
Servicio Global de Seguridad y Sistemas Privados GS3 fue constituida con apenas 60 mil pesos. Tiene pocos empleados, su director general es Gustavo Velázquez Campos y su domicilio fiscal está en una vivienda de Jardines del Alba, una colonia popular de Cuautitlán Izcalli. No es fabricante de aeronaves ni una gran comercializadora internacional de equipo militar. Aun así, vendió al Gobierno del Estado de México, por 10 millones de dólares, un Black Hawk usado, accidentado, reparado y retirado del servicio en Estados Unidos. No parece la historia ejemplar de una pequeña empresa mexicana que conquistó el mercado aeronáutico. Parece otra cosa. ¿Quién colocó a GS3 en medio de la operación, quién decidió comprarle y cuánto ganó con la reventa? Cuando una casa modesta termina convertida en la dirección de un negocio de 10 millones de dólares, el éxito empresarial deja de ser explicación suficiente. Algo huele mal.
La mala mano de Pedro Zenteno
Pedro Zenteno confundió lealtad con talento. Macarena Montoya fracasó en Salud; Luz María Hernández llegó a la presidencia de Morena sin la sapiencia ni el oficio necesarios y el encargo le quedó grande; Luis Domingo Zenteno, su hermano, convirtió Teoloyucan en una sucesión de conflictos y polémicas. El problema no son solamente ellos, sino quien los promovió como si tener grupo fuera lo mismo que formar cuadros. El equipo Zenteno ocupó posiciones, pero no produjo resultados. Hay proyecto, ambición y reparto de personajes; falta estatura política. Más que una corriente capaz de gobernar, parece el reparto de Blancanieves y los siete enanos. Y ya sabemos quién quiere quedarse con el papel principal.
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La beca Barrera Baca
Alfredo Barrera Baca dejó la Rectoría, pero no la nómina de la UAEMéx. Conserva una plaza de profesor de tiempo completo definitivo, aunque nadie sabe con precisión dónde trabaja, qué materias imparte, qué investiga ni cómo desquita el salario. Su rectorado fue mediocre y su mayor acierto político consistió en impulsar a Patricia Zarza como directora de la Facultad de Arquitectura y Diseño, plataforma desde la que comenzó el ascenso de la hoy rectora. Después pasó por el gobierno de Alfredo del Mazo y regresó discretamente a la universidad. El amigo de Raymundo Martínez encontró el refugio perfecto: plaza definitiva, salario público y pocas explicaciones. Los rectores se van; la beca permanece.
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