La corrupción no terminó con la alternancia, pero hoy se combate como nunca.
Si Piña operó fuera de sus facultades, la extorsión necesitó complicidades institucionales.
El expediente debe mirar hacia atrás: el apellido Del Mazo no puede ser frontera de la justicia.
El caso exhibe el precio de pagar alianzas electorales con parcelas del gobierno.
Piña fue detenido, pero el golpe político lo recibió el Partido Verde.
La corrupción no terminó, pero se combate como nunca
Dos noticias deja la detención de Raúl Piña Horta. La mala: la corrupción sigue dentro del gobierno estatal. La buena: se está combatiendo como nunca. Ahí está el valor simbólico del caso. Primero fueron los alcaldes y funcionarios municipales alcanzados por la Operación Enjambre; después, subsecretarios, directores y operadores detenidos por manipular la nómina del gobierno; ahora fue detenido el director general encargado de controlar las emisiones atmosféricas, supervisar los verificentros e inspeccionar y sancionar establecimientos contaminantes, acusado de utilizar ese poder para presuntamente extorsionar a empresarios. La diferencia respecto del viejo régimen no consiste en proclamar un gobierno inmaculado, sino en romper la protección que durante décadas convirtió al poder en refugio. Delfina Gómez debe llevar esta decisión hasta sus últimas consecuencias, aunque toque aliados, secretarios o intereses políticos. Un gobierno no se limpia ocultando a sus corruptos, sino entregándolos a la justicia.
Piña Horta: corrupción, extorsión y usurpación de funciones
Hay una grave discrepancia entre las acusaciones contra Raúl Piña Horta y las facultades legales de su cargo. Como director de Control de Emisiones Atmosféricas podía supervisar verificentros, ordenar inspecciones e imponer sanciones a fuentes contaminantes de competencia estatal. No podía, en cambio, clausurar gasolineras o gaseras, cuya regulación ambiental corresponde fundamentalmente a la autoridad federal, ni controlar áreas de impacto ambiental o las actuaciones de la PROPAEM. Si las denuncias son ciertas, no estaríamos solamente ante un corruptazo, sino ante un delincuentazo que habría usurpado funciones, movilizado facultades ajenas y utilizado la amenaza del Estado para extorsionar empresarios. La investigación debe establecer quién enviaba inspectores, quién colocaba los sellos, quién detenía los expedientes y quién ordenaba levantarlos después del pago. Piña pudo ser el operador, pero un funcionario no ejerce tantas atribuciones inexistentes sin complicidades. La ruta del dinero revelará también la ruta del poder.
¿Hasta dónde llega la trama de Piña Horta?
Los señalamientos contra la Secretaría del Medio Ambiente vienen desde el sexenio de Alfredo del Mazo y son mucho más graves que aquello por lo que hoy se detiene a Raúl Piña Horta. Una y otra vez, testimonios de empresarios han colocado en el centro de la trama a Alejandro del Mazo Maza, hermano menor del entonces gobernador y exdiputado federal del Partido Verde. Si esas versiones son ciertas, Piña sería apenas un operador tardío de una estructura anterior, más extensa y colocada mucho más arriba. Lo verdaderamente grave es que nadie parece haber investigado quién mandaba, quién cobraba, quién protegía y hasta dónde llegaba el dinero durante el gobierno priista. Detener a Piña es importante; convertirlo en principio y fin de la historia sería encubrimiento. La investigación debe mirar hacia atrás y hacia arriba: el apellido Del Mazo no puede seguir funcionando como frontera de la justicia.
El precio de pagar con el gobierno una alianza electoral
Raúl Piña Horta no llegó por casualidad ni por sus credenciales ambientales. Llegó como parte de las cuotas compensatorias entregadas al Partido Verde por la alianza que ayudó a Morena a ganar la gubernatura. Al Verde no le dieron una dirección: le entregaron prácticamente completa la Secretaría del Medio Ambiente, aunque después el gobierno comenzó a retirarle atribuciones y espacios. Piña era uno de sus cuadros de mayor confianza: fue secretario particular de Jorge Emilio González, el Niño Verde, y llegó a la Cámara de Diputados como suplente de Guillermo Velasco Rodríguez. No era un advenedizo ni un técnico prestado, sino un verde de sangre azul, formado en la intimidad de la franquicia. Su detención exhibe el riesgo de pagar alianzas electorales con parcelas del gobierno: junto con los votos entran los intereses, las redes y las prácticas de quienes reciben la cuota. Los acuerdos entre partidos pueden repartir cargos; nunca deben repartir impunidad.
¿Ruptura o manotazo al Verde?
¿Qué significa que el gobierno del que formas parte, y con el que cogobiernas, detenga a uno de tus cuadros privilegiados sin avisarte ni cruzar palabra? La captura de Raúl Piña Horta no sólo tiene consecuencias judiciales: es un mensaje político directo al Partido Verde. Puede ser un exabrupto, una advertencia para disciplinar al aliado o el principio de una ruptura; todavía es pronto para saberlo, pero la relación ya cambió. El antecedente importa: el Verde ayudó al PRI a ganar la gubernatura en 2017 con Alfredo del Mazo y después rompió cuando consideró incumplidos los acuerdos alcanzados. Ahora Morena le recuerda que la alianza no le concede soberanía sobre las áreas recibidas ni derecho de veto sobre la justicia. Si el Verde responde, habrá crisis en el gobierno y tensión rumbo a 2027; si calla, aceptará que su capacidad de negociación ha disminuido. Piña está detenido, pero quien recibió el golpe político fue el Verde.
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