La crisis que envuelve a la presidenta municipal de Tenancingo, Nancy Nápoles Pacheco, ha traspasado las barreras de lo estrictamente legal y partidista para convertirse en un fenómeno social en el que miles de tenancinguenses han cambiado su apoyo por un abierto rechazo.
Lo que en su momento fue un sólido respaldo en las urnas que la llevó a la alcaldía por Morena, se ha transformado en un escenario de protestas ciudadanas y exigencias públicas de renuncia, marcando un deterioro vertiginoso en su relación con la comunidad.
El escándalo por la presunta simulación de su propio secuestro —orquestado, según la Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM), para encubrir un desfalco de 40 millones de pesos— ha sido el catalizador de un descontento que, en realidad, ya venía gestándose por decisiones administrativas polémicas y un distanciamiento evidente con diversos sectores del municipio.
El rechazo ciudadano hacia Nancy Nápoles crece en Tenancingo / Foto: Archivo AD
El termómetro de la calle
La pérdida de capital político de Nápoles se materializó de forma contundente durante su audiencia de imputación el pasado 9 de julio; mientras la alcaldesa comparecía a puerta cerrada en los Juzgados Penales de Tenancingo, el exterior se convirtió en un foro que permitía medir el rechazo a la alcaldesa.
Decenas de comerciantes y habitantes se manifestaron con pancartas y consignas, exigiendo justicia para el municipio y la renuncia inmediata de la edil; señalando no solo irregularidades por parte de Nápoles, sino de más integrantes de su gobierno.
Los testimonios recabados por AD Noticias durante la protesta revelaron que el malestar va más allá del escándalo judicial: los ciudadanos denunciaron aumentos desmedidos en el cobro de servicios básicos como agua y predial, acusando que la administración local asfixia la economía de las familias trabajadoras.
Uno de los sectores que mostró mayor inconformidad fue el del comercio, denunciando que empleados del ayuntamiento exigen pagos para permitir la venta de productos en las calles del municipio, denuncias que desde el pasado 30 de junio este medio documentó mediante entrevistas en el municipio.
El epílogo de aquella jornada de más de 11 horas fue revelador: Nápoles tuvo que abandonar los juzgados entre gritos de inconformidad y reclamos de sus propios gobernados. El escenario contrastó diametralmente con la imagen de la líder que tan solo un año y medio antes fue vitoreada en mítines de campaña.
Habitantes exigieron la renuncia de la alcaldesa / Foto: Archivo AD
La presión de los colectivos y la diáspora
El descontento no se limita a los habitantes residentes.
El «Colectivo Tenancinguense», una agrupación que representa a la comunidad migrante del municipio, emitió un duro pronunciamiento público dirigido a las autoridades estatales y federales.
En su mensaje, el colectivo exigió que Nancy Nápoles sea separada temporalmente de su cargo mientras concluyen las investigaciones de la FGJEM y las auditorías del Órgano Superior de Fiscalización del Estado de México (OSFEM).
La comunidad migrante —un sector con fuerte influencia en la región— argumenta que la permanencia de la alcaldesa compromete la imparcialidad institucional y que el municipio requiere un gobierno «fuerte, transparente y sujeto al Estado de derecho», cualidades que, a sus ojos, Nápoles ha perdido.
Estas demandas serán llevadas ante la presidenta Claudia Sheinbaum el próximo 12 de agosto, a la espera de que sus demandas sean escuchadas.
Periodistas locales denunciaron acciones legales impulsadas por la alcaldesa tras sus publicaciones / Foto: Archivo AD
La simulación de continuar su gobierno
Mientras los señalamientos en su contra se acrecentaban, la alcaldesa intentó seguir la narrativa de la normalidad y continuó con sus acciones; incluso adoptó una nueva medida: regalar playeras de la Selección Mexicana. Pese a su iniciativa, el recibimiento de la ciudadanía no fue bueno, pues en redes los comentarios no resultaron favorables y pidieron que aclarara sus asuntos legales antes de regalar playeras.
La reciente Feria del Obispo documentó cómo el abandono por parte de la sociedad tenancinguense es notorio. Un evento que solía ser la insignia del municipio, resultó desangelado y con una baja asistencia, a lo que se le sumó la ausencia de figuras estatales y de Morena, ahondando la crisis alrededor de la edil.
Si bien la asistencia histórica rondaba los 15 mil espectadores, según las cifras de años anteriores, este año la asistencia fue estimada en un número menor a 10 mil personas que arribaron al lugar; es decir, alrededor de 30 por ciento menos de lo regular.
La baja asistencia a la Feria del Obispo reflejó el descontento ciudadano / Foto: Archivo AD
La censura como respuesta: el choque con la prensa
Ante el escrutinio público, la respuesta de la administración municipal ha sido endurecer su postura, lo que ha avivado aún más el rechazo social. En lugar de transparentar su gestión, Nápoles optó por la judicialización de la crítica ciudadana.
El caso más alarmante, denunciado por la agrupación «100 Periodistas por el Estado de México», fue la demanda que la alcaldesa interpuso contra cuatro comunicadores locales del espacio «La Madeja Política de Tenancingo» (Ángel Ávila, Alejandro López, Ramón Castañeda y Arturo Escobar). Acusándolos de «violencia digital» y «daño psicológico», Nápoles exigió una reparación de 125 mil pesos por cada periodista, luego de que estos exhibieran presuntas deficiencias en servicios públicos, nepotismo y sobrecostos en obras.
Esta acción legal —iniciada días antes de que estallara el escándalo de su falso secuestro— ha sido interpretada por agrupaciones civiles y ciudadanas como un intento de amedrentar la libertad de expresión y silenciar las voces disidentes en el municipio, algo que le ganó más repudio por parte de los habitantes.
La pérdida de capital político de Nápoles se materializó de forma contundente / Foto: Archivo AD
Un liderazgo erosionado
La estrategia de victimización y de acusar un «complot político» ya no resuena en las calles de Tenancingo. El señalamiento constante, las manifestaciones en su contra y la presión de colectivos evidencian que Nancy Nápoles enfrenta una severa crisis de legitimidad.
Aislada por su partido, bajo la lupa de los auditores y sin apoyo de sus gobernados, la alcaldesa de Tenancingo es hoy el ejemplo claro de cómo la confianza ciudadana, una vez que se traiciona, es casi imposible de recuperar.
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