Solo los ilusos se desilusionan
Atizapán, la república de los conversos
Las cloacas guindas en Chimalhuacán
¿Qué cambió realmente en la UAEMéx?
El Congreso de los suspirantes
Solo los ilusos se desilusionan
Las vinculaciones a proceso de Fernando Flores y Nancy Nápoles ofrecen una escena infrecuente en el Estado de México: dos alcaldes en funciones, uno del PAN y otra llegada por Morena, sometidos al control de un juez, pero libres y todavía ejerciendo el poder. Conviene recordar que la justicia selectiva no consiste únicamente en perseguir adversarios y proteger aliados; comienza cuando la condición social del acusado determina la intensidad del castigo. Si los hechos atribuidos a ambos hubieran recaído sobre un obrero, un indígena o un profesor sin influencias, probablemente la prisión preventiva habría llegado antes que la presunción de inocencia. El antecedente mayor sigue siendo Arturo Montiel: denunciado por enriquecimiento ilícito, peculado y uso indebido de atribuciones, fue exonerado por una Procuraduría encabezada por Alfonso Navarrete Prida, a quien él mismo había nombrado. Sus 10 mil 849 fojas jamás llegaron ante un juez. En el Estado de México, la ley presume inocente al poderoso y peligroso al pobre: a uno le concede abogados, tiempo y consideración; al otro le impone encierro, sospecha y silencio. No existe justicia cuando la consecuencia depende menos del delito que de la posición social de quien lo comete. En política, como en el amor, solo los ilusos se desilusionan.
Para reir y pensar: Los alcaldes del desastre
Atizapán, la república de los conversos
La disputa por Atizapán está poblada de símbolos porque casi nadie representa ya al partido cuya camiseta viste. Pedro Rodríguez, priista convertido en panista, pretende prolongar su dominio mediante Patricia Arévalo, su esposa; pero Anuar Azar, dirigente estatal del PAN, no parece dispuesto a administrar una herencia cuando puede quedarse con la alcaldía. Morena carece de un candidato competitivo y su figura más visible continúa siendo Gonzalo Alarcón, antiguo alcalde panista y compadre de Enrique Peña Nieto: una estampa casi perfecta de la regeneración mediante el reciclaje. El adversario con mayor capacidad financiera y electoral podría ser Luis Montaño, empresario multimillonario del Verde, cuya fortuna creció al pasar de la burocracia a los negocios de arrendamiento vehicular con el gobierno. Ganar Atizapán entregaría al PVEM uno de los municipios más ricos y relevantes de su historia, comparable únicamente con sus conquistas en San Luis Potosí y Quintana Roo; para conseguirlo necesita a Morena, pero Morena parece preferir perder con candidato propio antes que ganar bajo bandera ajena. Entre esposas postuladas, panistas morenizados, priistas blanqueados y contratistas ecologistas, Atizapán no elegirá entre ideologías, sino entre distintas formas de apropiación del poder. El más complacido es Anuar Azar: sus adversarios hacen campaña, pero también se encargan de dividirse.
Las cloacas guindas en Chimalhuacán
El hiperactivismo de Antorcha no debe confundirse con un despertar de su conciencia social. La organización que durante 21 años gobernó Chimalhuacán como prolongación territorial del peor PRI ha presentado a Delfina Gómez una factura de 369 demandas en 105 municipios y ha vuelto a su método predilecto: convertir necesidad popular en capacidad de presión política. Perdió la alcaldía en 2021, pero no perdió su estructura, su disciplina ni el conocimiento de un territorio con más de medio millón de electores; por eso su ofensiva parece menos una protesta que la tasación anticipada de su fuerza para 2027. El escenario todavía es especulativo, aunque verosímil: Antorcha habría puesto precio a su cooperación —recuperar Chimalhuacán— y algunos grupos de Morena, enfrentados con la alcaldesa Xóchitl Flores y desleales al proyecto de Delfina Gómez, podrían considerar el negocio. Sería una alianza perversa, pero no ideológicamente imposible: el mercenarismo antorchista no reconoce principios, solo rendimientos, y el faccionalismo morenista suele llamar pluralidad a su apetito. Morena derrotó al cacicazgo antorchista en las urnas; devolverle el poder desde sus propias entrañas sería algo más que una traición: sería una restauración. También en Morena hay cloacas; la diferencia es que ahora están pintadas de guinda.
¿Qué cambió realmente en la UAEMéx?
Los movimientos estudiantiles del IPN, la UNAM y la UAEMéx resurgen cuando México comienza a entrar en el ciclo electoral de 2027. Sus causas son reales y reducirlas a una conspiración sería una insolencia intelectual; renunciar a preguntar por qué coinciden, quién las capitaliza y qué poderes se reacomodan sería una ingenuidad política. En la UAEMéx, la protesta de 2025 hizo posible la llegada de Martha Patricia Zarza, primera rectora en la historia de una institución formada bajo la hegemonía priista y obligada ahora a convivir con un gobierno estatal que se proclama posneoliberal. Sin embargo, una mujer en Rectoría y Morena en el Ejecutivo no constituyen por sí mismos una transformación: cambió la representación del poder, pero falta demostrar que cambiaron sus prácticas, jerarquías y mecanismos de decisión. Un año después persisten reclamos por gratuidad, representatividad y cumplimiento de acuerdos, y las antiguas aspirantes —Laura Benhumea, Maricruz Moreno, María José Bernáldez, Dolores Durán y Eréndira Fierro— prácticamente desaparecieron del debate universitario; esta última reapareció como directora administrativa del Ceneval. ¿Sus proyectos buscaban transformar la Universidad o solamente ocupar la Rectoría? La autenticidad de una convicción se conoce cuando se pierde la elección: si después viene el silencio, acaso no había causa, sino candidatura.
Para entender mejor: UAEMéx celebra su reforma, pero las dudas no desaparecen
El Congreso de los suspirantes
Una parte considerable de la LXII Legislatura mexiquense ha dejado de mirar el presente porque está demasiado ocupada calculando 2027. La epidemia atraviesa todas las bancadas: unos diputados buscan reelegirse, otros saltar a San Lázaro y no pocos cambiar la curul por una presidencia municipal. La ambición política no constituye por sí misma una falta; el problema comienza cuando el mandato recibido se utiliza menos para transformar la realidad que para financiar, exhibir y negociar el siguiente cargo. El Congreso presume cerca de 900 iniciativas y puntos de acuerdo aprobados, 94 por ciento por unanimidad, pero esa concordia casi absoluta también merece interpretación: puede expresar capacidad de acuerdo o una institución que debate poco, fiscaliza menos y con frecuencia se limita a procesar decisiones tomadas fuera del recinto. Seguridad, deuda, corrupción, transparencia, crisis municipal, agua y desigualdad exigen una Legislatura con voluntad propia, no una sala de espera para aspirantes. Sus responsabilidades quizá no estén abandonadas, pero sí relegadas detrás de encuestas, fotografías y acuerdos sucesorios. Cuando el futuro personal de los legisladores ocupa el lugar del porvenir colectivo, el Congreso deja de ser contrapeso y se convierte en trampolín.
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