Salir de un banco con dinero en efectivo se volvió una actividad de riesgo en Toluca.
Desde enero se han documentado al menos seis asaltos contra cuentahabientes. Ocurrieron dentro de sucursales, en estacionamientos y sobre avenidas transitadas. Los delincuentes se llevaron más de 5.3 millones de pesos. A una de las víctimas le dispararon; murió después a causa de las heridas.
Las cantidades y los lugares cambian. El procedimiento es casi idéntico: alguien detecta la operación, identifica a la persona que lleva el dinero y comunica sus características. Después aparecen los hombres armados. Las motocicletas les permiten abrirse paso entre el tránsito y escapar por vialidades que comunican el centro con Metepec, Lerma, Zinacantepec y la zona norte.
No parecen robos improvisados. Hay vigilancia, información y reparto de tareas.
Las detenciones confirman la actuación de células organizadas y móviles, pero no demuestran que todos los ataques hayan sido cometidos por una sola banda. / Foto: ArchivoAD
Las víctimas y el dinero
El 14 de enero, un hombre fue interceptado después de realizar una operación en una sucursal de Plaza San Fermín, sobre Heriberto Enríquez. Dos sujetos en motocicleta le quitaron aproximadamente un millón de pesos y le dispararon. La víctima murió posteriormente.
Un día después, el 15 de enero, una mujer fue despojada de alrededor de 2.5 millones de pesos cuando esperaba realizar un depósito en una sucursal de la zona de Paseo Tollocan y Quintana Roo. Los asaltantes entraron al banco y fueron directamente por el dinero.
El 7 de abril, Plaza San Fermín volvió a ser escenario de otro ataque. Un hombre armado llegó hasta la ventanilla y le quitó 300 mil pesos a un cliente. Afuera lo esperaba un cómplice en motocicleta. Era el segundo asalto registrado en la misma sucursal en menos de tres meses.
El 15 de mayo, dos hombres armados asaltaron a un cuentahabiente en Plaza Santín y le robaron cerca de 20 mil pesos. Uno de los presuntos responsables fue detenido y una motocicleta Italika quedó asegurada.
El 10 de agosto, empleados de una empresa automotriz fueron despojados de casi un millón de pesos cerca de una sucursal de Banregio sobre avenida Morelos. Los atacantes huyeron en una motocicleta roja. El robo ocurrió cerca de instalaciones municipales de vigilancia.
El 31 de agosto, un hombre fue golpeado y despojado de aproximadamente 500 mil pesos dentro de una sucursal de BBVA situada en Lerdo y Zumárraga, en el centro de Toluca. El agresor salió, subió a la motocicleta de un cómplice y escapó.
El recuento mínimo arroja seis ataques, más de 5.3 millones de pesos robados y una persona muerta.
Toluca tiene patrullas, cámaras, policías municipales y estatales, / Foto: ESPECIAL
Un corredor para escapar
Los robos se concentran en tres zonas: el centro de Toluca, el corredor de Heriberto Enríquez–Paseo Tollocan y el norte de la ciudad.
Ninguno ocurrió en un paraje apartado. Son áreas comerciales con sucursales bancarias, cámaras privadas, semáforos, negocios y circulación constante. También están conectadas con avenidas que permiten cambiar rápidamente de municipio.
Plaza San Fermín fue atacada dos veces. El robo de avenida Morelos ocurrió cerca de instalaciones municipales. El último fue cometido en el primer cuadro, a unas calles de edificios públicos y puntos habituales de vigilancia.
Las bandas no necesitan lugares sin cámaras. Les basta con conocer los puntos ciegos, los tiempos de respuesta y las salidas más rápidas.
¿Quién señala al cuentahabiente?
Para seguir a una persona que acaba de retirar cientos de miles de pesos, primero hay que distinguirla de los demás clientes. Los delincuentes necesitan saber quién lleva el efectivo, cuándo termina la operación, cómo va vestido y, en ocasiones, qué automóvil utiliza.
Una posibilidad es que exista un marcador dentro del banco: alguien que aparenta ser cliente, observa las ventanillas y transmite por teléfono la descripción de la víctima.
Otra línea es una posible filtración interna, sobre todo cuando el retiro fue solicitado con anticipación. Empleados, proveedores o personas con acceso a las operaciones podrían conocer el monto y la hora de entrega.
Son hipótesis que deben probarse. No permiten acusar a ningún trabajador bancario, pero tampoco pueden descartarse por comodidad.
Las instituciones financieras cuentan con grabaciones, bitácoras y registros de las consultas realizadas a cada cuenta. Una revisión conjunta podría revelar si las mismas personas aparecen en diferentes sucursales o quiénes tuvieron conocimiento de los retiros.
La pregunta incómoda permanece: ¿cómo saben los asaltantes quién lleva el dinero?
se han documentado al menos seis asaltos contra cuentahabientes / Foto: Archivo AD
Capturas que no acabaron con los ataques
El 28 de enero fueron detenidos en Atlacomulco Jonathan “N”, Alexander “N” y David “N”; dos ciudadanos cubanos y uno mexicano. Las autoridades los relacionaron con una célula que presuntamente identificaba clientes bancarios en Toluca y Lerma. Les aseguraron una motocicleta gris, un automóvil rojo utilizado como apoyo y un arma.
En abril, el alcalde Ricardo Moreno anunció la captura de otras dos bandas. Una, integrada presuntamente por cuatro personas, estaría relacionada con al menos tres robos. La segunda habría estado formada por ciudadanos cubanos y venezolanos. El alcalde pidió a las víctimas ratificar sus denuncias para sostener las investigaciones.
Las detenciones confirman la actuación de células organizadas y móviles, pero no demuestran que todos los ataques hayan sido cometidos por una sola banda. Tampoco existe información pública suficiente para asegurar que los delincuentes llegan desde la Ciudad de México.
Eso tendría que comprobarse con domicilios, placas, registros carreteros, comunicaciones y recorridos reconstruidos mediante las cámaras del C5.
El dato incontrovertible es otro: después de las capturas, los robos continuaron.
Muchos uniformes, poca prevención
Toluca concentra instituciones que pocas ciudades tienen: policía municipal, Secretaría de Seguridad estatal, C5, Policía de Investigación, Fiscalía y presencia de la Guardia Nacional y el Ejército.
En enero, el ayuntamiento informó del despliegue de 150 policías municipales, militares y guardias nacionales para vigilar el Mercado de Palmillas.
Las fuerzas federales no tienen como tarea ordinaria cuidar cada banco. La prevención cotidiana corresponde principalmente a las policías municipal y estatal. La Fiscalía debe investigar los hechos, relacionar las carpetas e identificar a quienes organizan los ataques.
El banco entrega los billetes; el ciudadano sale cargando también con todo el riesgo. / Foto: Archivo AD
El primer respondiente es la corporación que llega antes, no necesariamente la municipal. Debe atender a las víctimas, preservar el sitio, identificar testigos y comunicar el hecho al Ministerio Público.
La falla aparece en los minutos posteriores. Una motocicleta que abandona el centro debe pasar frente a cámaras, comercios, semáforos y cruces vigilados. Seguirla exige coordinación inmediata, comunicación con municipios vecinos y capacidad para cerrar rutas.
La cantidad de corporaciones contrasta con la facilidad de las fugas.
El silencio después del operativo
Las autoridades han informado sobre capturas y avances. Lo que no han presentado es un balance completo y verificable.
La policía municipal no ha revelado los tiempos de respuesta ni los corredores que reforzó. La Secretaría de Seguridad no ha explicado las rutas utilizadas por los delincuentes. La Fiscalía no informa cuántas carpetas están conectadas, cuántos detenidos fueron vinculados a proceso, quiénes continúan presos o qué casos considera esclarecidos.
Los bancos tampoco han explicado qué modificaron después de los primeros ataques, si investigaron posibles filtraciones o si compararon las grabaciones de las sucursales afectadas.
Después del robo del 10 de agosto, Ricardo Moreno dijo que existían indicios para relacionar distintos casos, aunque reservó los detalles para no comprometer la investigación.
Tres semanas después ocurrió otro.
El problema no es la falta absoluta de declaraciones. Es que, una vez terminado cada operativo, nadie rinde cuentas sobre sus resultados.
El procedimiento es casi idéntico: alguien detecta la operación, identifica a la persona que lleva el dinero y comunica sus características / Foto: Archivo AD
Mejor transferir que cargar efectivo
La primera recomendación es evitar, en lo posible, el traslado de cantidades importantes. Una transferencia electrónica reduce el riesgo de ser identificado, seguido y despojado.
Cuando el monto rebasa los límites de la aplicación, el cliente puede solicitar una transferencia SPEI directamente en la sucursal o gestionar con anticipación el aumento temporal de sus límites.
Si retirar efectivo resulta indispensable:
Solicitar acompañamiento policial y verificar previamente cómo opera el servicio.
No comentar el monto ni la hora del retiro.
Evitar rutinas y cambiar de sucursal cuando sea posible.
Observar si alguien permanece en la sala sin realizar operaciones o sale inmediatamente después.
No dirigirse a la casa o al negocio ante la sospecha de seguimiento.
Entrar en un lugar concurrido, llamar al 911 y evitar cualquier confrontación.
Pedir al banco que preserve de inmediato las grabaciones.
Son medidas de precaución, no una solución. La seguridad no puede depender de que cada cuentahabiente se convierta en su propio escolta.
La capital sitiada por sus fallas
Toluca tiene patrullas, cámaras, policías municipales y estatales, investigadores, guardias nacionales y militares. Tiene también seis ataques documentados, más de 5.3 millones de pesos robados y una víctima mortal.
No faltan instituciones. Faltan prevención, inteligencia coordinada y resultados públicos.
Mientras nadie explique quién señala a los clientes, cómo escapan las motocicletas y qué ocurrió con los detenidos, transportar dinero en Toluca seguirá siendo una apuesta. El banco entrega los billetes; el ciudadano sale cargando también con todo el riesgo.
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