Somos México tomó su primera decisión relevante en el Estado de México: confiar su construcción territorial a Carolina Monroy del Mazo. La exdirigente nacional del PRI fue designada delegada nacional del nuevo partido en la entidad y tendrá la responsabilidad de instalar estructuras, incorporar liderazgos y preparar su participación en la disputa electoral de 2027.
No se trata de un nombramiento menor. El partido surgido de la Marea Rosa, presentado como una alternativa ciudadana frente a Morena y al deterioro de la oposición tradicional, entrega su operación en el territorio electoral más grande del país a una política formada en el núcleo del antiguo poder priista.
La paradoja es inevitable: Somos México quiere ocupar el espacio del futuro, pero para abrirse camino en el Estado de México recurrió a una representante del pasado que pretende superar.
Carolina Monroy del Mazo dejódetras el PRI para estar al frente de Somos México. / Foto: Archivo AD Noticias.
¿Quién es la nueva delegada de Somos México?
Carolina Monroy nació en Atlacomulco en 1962. Es abogada y comenzó su carrera en el gobierno estatal en 1982. Desde entonces ocupó posiciones en la Secretaría del Trabajo, la Secretaría General de Gobierno, el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia, el Consejo Estatal de Población, el Instituto Mexiquense de Cultura, el ISSEMyM y el Sistema de Radio y Televisión Mexiquense.
Durante el gobierno de Enrique Peña Nieto fue secretaria de Desarrollo Económico. Después se convirtió en presidenta municipal de Metepec, diputada federal, secretaria general del PRI y presidenta interina de su Comité Ejecutivo Nacional tras la renuncia de Manlio Fabio Beltrones en 2016. También formó parte del gobierno priista de Alejandro Murat en Oaxaca.
No fue una militante periférica ni una funcionaria ocasional. Durante más de cuatro décadas participó en el aparato político y administrativo que gobernó el Estado de México y dirigió al partido que sostuvo aquel régimen.
Su trayectoria acredita experiencia, conocimiento institucional y capacidad de operación. También la vincula directamente con una cultura política construida sobre la concentración del poder, las lealtades familiares y la reproducción de élites.
Los Del Mazo, los Peña y el poder mexiquense
Monroy pertenece a la familia Del Mazo, una de las genealogías más influyentes en la historia política del Estado de México. Es sobrina del exgobernador Alfredo del Mazo González, prima del exgobernador Alfredo del Mazo Maza y también prima del expresidente Enrique Peña Nieto.
Durante aproximadamente treinta años estuvo casada con Ernesto Nemer Álvarez, otro protagonista del priismo mexiquense: secretario general de Gobierno, secretario estatal de Desarrollo Social, subsecretario federal y procurador del Consumidor. Su hijo, Ernesto Nemer Monroy, fue regidor de Metepec.
Su carrera posee méritos y capacidades propias, pero se desarrolló dentro de una red en la que familia, gobierno, partido y territorio funcionaron como mecanismos complementarios de acumulación política.
Eso representa el llamado Grupo Atlacomulco: no necesariamente una organización formal, con integrantes reconocidos y jerarquías inscritas, sino una categoría utilizada para describir la continuidad de familias, relaciones y grupos procedentes del norte mexiquense que durante décadas ocuparon posiciones estratégicas en el gobierno estatal y nacional.
El apellido no explica por sí solo una trayectoria. Sí explica las condiciones de acceso, cercanía y confianza desde las cuales esa trayectoria pudo desarrollarse. En la política mexiquense, el parentesco no siempre sustituye al talento; con frecuencia le entrega una ventaja de salida.
El Grupo Atlacomulco es una célebre y poderosa red de políticos mexicanos del Partido Revolucionario Institucional / Foto: INFOABE
¿Qué es Somos México?
Somos México procede de las organizaciones que impulsaron la Marea Rosa, las movilizaciones en defensa del INE y la candidatura presidencial de Xóchitl Gálvez en 2024.
Entre sus principales dirigentes y promotores aparecen Guadalupe Acosta Naranjo, exdirigente nacional del PRD; Emilio Álvarez Icaza, exsenador y exsecretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos; Cecilia Soto, excandidata presidencial, y antiguos militantes, funcionarios y legisladores procedentes del PRD, PAN y PRI.
El INE le otorgó su registro como partido político nacional el 25 de junio de 2026. La organización se presenta como una fuerza ciudadana, democrática, progresista y frontalmente opositora a Morena. Promete defender la división de poderes, los organismos autónomos, las libertades públicas y el Estado de derecho.
Sin embargo, su composición revela una contradicción de origen: la organización que busca renovar a la oposición está integrada en buena medida por actores procedentes de los partidos que la llevaron a su actual estado de agotamiento.
Somos México es nuevo por su registro, pero todavía debe demostrar que también lo es por sus procedimientos, liderazgos y prácticas.
Un partido nuevo con políticos conocidos
La llegada de Monroy confirma que Somos México no pretende comenzar desde cero. Busca aprovechar la experiencia y las relaciones de quienes conocen los sistemas partidistas, las campañas y la operación territorial.
La decisión tiene una lógica práctica. Levantar una organización en los 125 municipios mexiquenses requiere cuadros, representantes, recursos, conocimiento electoral y capacidad para identificar liderazgos locales. Pocas personas conocen mejor esas redes que una exalcaldesa, exdiputada y exdirigente nacional del PRI.
Aquello que vuelve políticamente valiosa a Monroy es también lo que compromete el discurso renovador del partido: sus relaciones fueron construidas dentro del régimen que Somos afirma querer reemplazar.
No llega a pesar de su pasado. Llega, en buena medida, por el capital político adquirido durante ese pasado.
La cuestión, por tanto, no es si posee experiencia suficiente. La pregunta es qué hará con ella: reproducir las viejas formas de reclutamiento, negociación y reparto o someterlas a procedimientos democráticos que el nuevo partido pueda mostrar públicamente.
La salida del PRI
Monroy anunció su renuncia al PRI el 14 de abril de 2026. Argumentó falta de congruencia y de espacios dentro del partido. Al incorporarse a Somos México aseguró que no buscaba cargos ni candidaturas, sino participar en la construcción de una alternativa de gobierno.
Su designación como delegada no contradice literalmente aquella declaración, pero confirma que su incorporación nunca fue testimonial. Llegó para desempeñar una función de poder dentro de la organización.
La ruptura merece una explicación más profunda. Durante décadas permaneció en el PRI y ocupó cargos relevantes bajo gobiernos cuestionados por corrupción, opacidad, patrimonialismo y concentración familiar del poder. Abandonó el partido cuando éste ya había perdido la Presidencia de la República, el Gobierno del Estado de México, numerosos municipios y buena parte de su capacidad para distribuir candidaturas.
La pregunta no es si tiene derecho a cambiar de partido. Lo tiene. La pregunta es qué cambió en su concepción del poder y qué autocrítica está dispuesta a formular sobre el sistema del que fue beneficiaria, operadora y dirigente.
Sin esa ruptura intelectual y ética, la renuncia corre el riesgo de parecer menos una revisión de principios que una decisión de supervivencia.
El derrumbe priista produjo una extensa población de dirigentes sin destino / Foto: El País
El mercado político que dejó el PRI
El derrumbe priista produjo una extensa población de dirigentes sin destino: exalcaldes, regidores, excandidatos, operadores territoriales y familias que conservaron influencia local, pero perdieron acceso a posiciones y candidaturas.
Ese mercado es una oportunidad para Somos México. También es su mayor riesgo.
Monroy ha dicho que no llegó para sonsacar priistas. Probablemente no será necesario. Muchos se acercarán por voluntad propia si encuentran una boleta disponible y una posibilidad de prolongar su carrera.
El dato relevante no será cuántos expriistas ingresen, sino quiénes serán aceptados, bajo qué criterios y con qué controles. Un partido no pierde su condición ciudadana por admitir personas con experiencia partidista; la pierde cuando convierte el dinero, el apellido, la estructura o la capacidad de movilización en los únicos requisitos para ejercer el poder.
Si Somos México entrega sus candidaturas a quienes puedan aportar operadores y votos, terminará funcionando como una sala de espera para políticos desalojados de otros partidos.
Lo que estará en juego en 2027
Las elecciones mexiquenses serán concurrentes con la renovación de la Cámara de Diputados federal. En la entidad se elegirán los 125 ayuntamientos, 45 diputaciones locales de mayoría relativa, 30 legisladores de representación proporcional y las diputaciones federales correspondientes a sus 40 distritos.
No estará en disputa la gubernatura, pero se definirá la correlación de fuerzas que acompañará a Delfina Gómez durante la segunda mitad de su mandato. También comenzará la construcción territorial desde la cual se competirá por el gobierno estatal en 2029.
Somos México enfrentará su primera elección sin posibilidad de formar coaliciones. La Ley General de Partidos Políticos impide que una fuerza de nuevo registro se coaligue antes de concluir su primera elección federal o local.
Esto obliga al partido rosa a demostrar cuánta fuerza tiene realmente. No podrá ocultar su debilidad detrás del PAN o del PRI ni negociar su supervivencia dentro de una alianza. Necesitará obtener al menos tres por ciento de la votación válida para conservar el registro.
Su objetivo inmediato no será gobernar el Estado de México. Será sobrevivir, instalar una estructura municipal, presentar candidaturas competitivas y construir una base que pueda utilizar en 2029 y 2030.
Ahí adquiere sentido la elección de Monroy: Somos necesita votos, pero antes necesita operadores.
¿Alternativa o fragmentación opositora?
El nuevo partido competirá por electores que antes votaron por el PRI, PAN, PRD o Movimiento Ciudadano, además de ciudadanos que participaron en la Marea Rosa y no se identifican con los partidos existentes.
Su presencia puede ampliar la pluralidad y ofrecer representación a sectores políticamente huérfanos. También puede fragmentar el voto opositor en municipios y distritos donde Morena no es invencible.
Existe una contradicción estratégica: una organización creada para contener la concentración de poder de la Cuarta Transformación podría favorecer triunfos morenistas al dividir a sus adversarios.
Somos México tendrá que explicar si pretende sustituir a la vieja oposición, reconstruirla o simplemente ocupar el espacio que dejó disponible. Cada propósito conduce a una estrategia distinta.
También deberá resolver una tensión inevitable: necesita diferenciarse del PRI y del PAN, pero sus primeros votos probablemente tendrán que salir del electorado de esos partidos.
Las preguntas pendientes
La designación abre preguntas que ni Monroy ni la dirigencia de Somos México deberían eludir:
¿Quién tomó la decisión de entregarle la delegación y mediante qué procedimiento interno?
¿Qué facultades tendrá sobre la incorporación de dirigentes, el manejo de recursos y la selección de candidaturas?
¿Presentará una declaración patrimonial y de intereses?
¿Qué filtros aplicará el partido para evitar la incorporación de personajes vinculados con corrupción, violencia, cacicazgos o negocios al amparo del poder público?
¿Qué evaluación hace de los gobiernos de Arturo Montiel, Enrique Peña Nieto y Alfredo del Mazo?
¿Qué prácticas del PRI considera inaceptables y cómo garantizará que no se reproduzcan dentro de Somos?
¿Cómo concilia el partido su discurso contra el nepotismo con la entrega de su construcción estatal a una integrante de una de las familias políticas más poderosas del país?
Son preguntas relevantes porque la renovación democrática no se acredita mediante discursos ni colores. Se demuestra en la forma de elegir dirigentes, transparentar recursos, reclutar candidatos y ejercer el poder.
Somos México enfrentará su primera elección sin posibilidad de formar coaliciones. / Foto: RR.SS
La prueba del partido rosa
Somos México tiene derecho a incorporar experiencia. También tiene la obligación de explicar por qué una representante de la genealogía priista mexiquense encarna su oferta de renovación.
El problema no es únicamente el apellido de su delegada. El problema aparecerá si el nuevo partido reproduce la antigua costumbre de reservar la política para quienes heredaron relaciones, administraron estructuras y acumularon poder desde los gobiernos anteriores.
Carolina Monroy será eficaz si logra atraer cuadros, construir comités y presentar candidatos en buena parte del territorio. Pero el éxito organizativo no resolverá la contradicción política: un partido puede crecer rápidamente y, aun así, no representar nada nuevo.
La primera prueba de Somos México en el Estado de México no ocurrirá en las urnas. Ocurrirá antes, cuando tenga que decidir quién entra, quién queda fuera y cómo distribuye sus primeras candidaturas.
Entonces sabremos si el Grupo Atlacomulco encontró una nueva casa o si una de sus integrantes decidió romper, por fin, con la cultura política de la que proviene.
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