En el Estado de México, entre 2.8 y 3.2 millones de niñas, niños y adolescentes de 6 a 17 años utilizarían teléfono celular. No existe una cifra oficial publicada que reúna edad y entidad federativa, por lo que el dato constituye una estimación construida con información demográfica y tasas de uso reportadas por el INEGI.
La magnitud permite dimensionar un fenómeno que dejó de pertenecer exclusivamente al ámbito familiar: el teléfono inteligente se convirtió en herramienta educativa y de comunicación, pero también en una fuente permanente de distracción, exposición a contenidos violentos, ciberacoso, alteraciones del sueño y uso problemático de redes sociales.
La discusión adquirió relevancia nacional después de que la Secretaría de Educación Pública planteó regular los celulares en las escuelas y analizar restricciones al acceso de menores a redes sociales. La SEP no propone, hasta ahora, una prohibición absoluta, sino reglas diferenciadas que permitan conservar los usos pedagógicos y limitar aquellos que perjudican el aprendizaje y la salud.
En Edomex entre 2.8 y 3.2 millones de menores utilizan teléfono celular / Foto: Archivo AD Noticias
Tres millones de menores conectados
El cálculo para el Estado de México parte de dos grupos:
Entre 1.1 y 1.3 millones de niñas y niños de 6 a 11 años utilizarían o tendrían acceso regular a un celular.
Entre 1.7 y 1.9 millones de adolescentes de 12 a 17 años serían usuarios habituales.
La penetración aumenta con la edad: se estima que entre 55% y 65% de los menores de 6 a 11 años utiliza estos dispositivos, mientras que entre adolescentes la proporción puede superar 88%.
Estos intervalos no deben presentarse como un conteo directo del INEGI. La ENDUTIH mide el uso tecnológico desde los seis años, pero sus publicaciones generales no ofrecen un cruce específico y actualizado entre edad, uso de celular y población mexiquense. Son, por tanto, proyecciones de escala, no cifras censales.
En todo el país, 84.6% de la población de seis años o más utilizó teléfono celular durante 2025. Entre quienes se conectaron a internet, 97.3% lo hizo mediante un teléfono inteligente, de acuerdo con la ENDUTIH 2025.
El reto abarca 16 mil escuelas públicas
El sistema educativo mexiquense es el más grande del país. Durante el ciclo 2024-2025 atendió a 4 millones 167 mil 922 estudiantes en 22 mil 766 escuelas.
De ese universo, 18 mil 001 planteles eran públicos. En educación básica —inicial, preescolar, primaria y secundaria— funcionaban 16 mil 026 escuelas públicas, con una matrícula de 2 millones 563 mil 805 alumnos, según la estadística educativa de la SEP.
La regulación del celular, por tanto, no supone una decisión administrativa menor. Implica capacitar docentes, establecer mecanismos de resguardo, definir excepciones, involucrar a las familias y aplicar criterios comunes en miles de planteles con realidades sociales y tecnológicas profundamente desiguales.
El teléfono inteligente se convirtió en herramienta educativa y de comunicación, pero debe regularse / Foto: Archivo AD Noticias
Edomex ya restringió los celulares
El debate nacional encuentra al Estado de México con una ventaja normativa. El Decreto 327, publicado el 20 de mayo de 2026, reformó la Ley de Educación estatal y estableció que los celulares en escuelas de nivel básico solamente pueden utilizarse con fines académicos o ante emergencias autorizadas por docentes o directivos.
El nuevo artículo 61 Bis también ordena delimitar horarios y espacios, prevenir el ciberacoso, impedir el acceso a contenidos perjudiciales y promover la corresponsabilidad de madres, padres y tutores. La reforma puede consultarse en la Gaceta del Gobierno.
La pregunta ya no es, entonces, si el Estado de México debe sumarse a la propuesta: jurídicamente ya lo hizo. El verdadero desafío consiste en saber si existen lineamientos aplicables, protocolos de emergencia, mecanismos de evaluación y personal capacitado para hacer cumplir la reforma.
Una ley sin instrumentos de ejecución corre el riesgo de convertirse en una prohibición escrita en papel y negociada diariamente dentro de cada aula.
Distracción, sueño y salud mental
La evidencia científica aconseja evitar conclusiones simplistas. El uso excesivo o problemático de teléfonos y redes sociales se relaciona con:
Menor capacidad de concentración y desempeño escolar.
Alteraciones del sueño y horarios más tardíos para dormir.
Sedentarismo y reducción de la actividad física.
Ansiedad, depresión, baja autoestima y aislamiento.
Ciberacoso, exposición a violencia y contenidos sexualizados.
Conductas compulsivas y dificultad para controlar el tiempo de conexión.
La Organización Mundial de la Salud encontró que 11% de los adolescentes estudiados presentaba señales de uso problemático de redes sociales; el porcentaje alcanzó 13% entre las mujeres y 9% entre los hombres. También relacionó este patrón con menor bienestar y privación de sueño, aunque reconoce que las plataformas pueden favorecer la comunicación y el sentido de pertenencia cuando existe un uso equilibrado. OMS.
La UNESCO advierte que una notificación o la simple presencia del teléfono puede interrumpir la atención y que un estudiante puede tardar hasta 20 minutos en recuperar la concentración. Por ello recomienda permitir teléfonos inteligentes en la escuela únicamente cuando exista una finalidad pedagógica clara. UNESCO.
Sin embargo, prohibirlos durante la jornada no resuelve por sí mismo la salud mental juvenil. Una investigación realizada en escuelas británicas no encontró mejores resultados en bienestar, sueño o desempeño académico únicamente por contar con políticas restrictivas. Su conclusión fue que la escuela puede reducir la exposición durante algunas horas, pero no sustituye la intervención familiar ni modifica el consumo digital fuera del plantel. Estudio publicado en The Lancet Regional Health–Europe.
UNESCO recomienda permitir teléfonos inteligentes en la escuela únicamente cuando exista una finalidad pedagógica clara / Foto: Archivo AD Noticias
Regular, educar y evaluar
El Estado de México debería aplicar una política gradual: teléfonos fuera del aula durante la enseñanza ordinaria; uso únicamente por instrucción docente; excepciones por discapacidad, salud o emergencia; espacios seguros de resguardo; comunicación alternativa entre escuelas y familias; alfabetización digital y atención psicológica para casos de dependencia o ciberacoso.
La discusión no enfrenta tecnología contra educación. El problema aparece cuando un dispositivo diseñado para capturar atención ocupa el espacio que corresponde al aprendizaje, el descanso, el juego y la convivencia.
Prohibir sin educar sería insuficiente; permitir sin límites, irresponsable. El reto mexiquense consiste en gobernar una tecnología que ya forma parte de la vida de aproximadamente tres millones de menores, antes de que sea la tecnología la que termine gobernando su atención.
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