Desde 2021 enfrentan restricciones en educación, trabajo, movilidad y expresión pública
Afganistán
Antes de que el silencio se convirtiera en una norma, hubo una generación de mujeres afganas que caminó hacia las universidades, trabajó en hospitales, escuelas, tribunales y oficinas públicas, votó y participó en la vida política de su país. Hoy, millones de mujeres viven bajo un sistema que regula desde su educación hasta la manera en que deben vestir, desplazarse y expresarse. La transformación de Afganistán no ocurrió de un día para otro: fue resultado de décadas de conflictos, guerras internas y el regreso del Talibán al poder en 2021, cuando comenzaron una serie de decretos que organismos internacionales consideran una de las crisis más graves de derechos de las mujeres en el mundo.
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Mujeres afganas antes del regreso talibán
La historia de las mujeres afganas no siempre estuvo marcada por la exclusión. A principios del siglo XX, durante el gobierno del rey Amanullah Khan y la reina Soraya Tarzi, se impulsaron reformas para ampliar la educación femenina y la participación de las mujeres en la sociedad. Décadas después, la Constitución de 1964 reconoció su derecho al voto y a ocupar cargos públicos. Durante los años sesenta y setenta, especialmente en Kabul, las mujeres asistían a universidades, ejercían profesiones como medicina, enseñanza y derecho, y algunas trabajaban dentro de instituciones gubernamentales.
La vestimenta femenina tampoco fue siempre una obligación generalizada. El burka —también llamado chadari en Afganistán— es una prenda que cubre completamente el cuerpo y el rostro, con una malla a la altura de los ojos. Aunque formaba parte de algunas tradiciones culturales, no todas las mujeres afganas lo utilizaban ni existía como una imposición nacional permanente. También existen prendas como el hiyab, que cubre el cabello y cuello, y el niqab, que deja únicamente los ojos visibles. Fue durante el primer gobierno talibán, entre 1996 y 2001, cuando el burka comenzó a imponerse como una norma obligatoria en gran parte del territorio bajo su control.
Talibán impuso restricciones desde 1996
El cambio llegó con la invasión soviética de 1979, la guerra civil y el fortalecimiento de grupos extremistas. En 1996, el Talibán tomó Kabul e instauró una interpretación estricta de la ley islámica. Las niñas fueron expulsadas de las escuelas, muchas mujeres dejaron de trabajar y su movilidad quedó limitada. En ese periodo cobró fuerza la figura del mahram, un acompañante masculino familiar —esposo, padre, hermano o hijo— requerido para determinados desplazamientos. Aunque las mujeres no son consideradas legalmente propiedad de un hombre, las reglas impuestas hicieron que decisiones personales como viajar, trabajar o salir de casa quedaran condicionadas a la presencia de un familiar masculino.
Tras la caída del primer régimen talibán en 2001, Afganistán vivió dos décadas de avances parciales. Millones de niñas regresaron a las aulas, aumentó la presencia femenina en universidades, medios de comunicación, tribunales y Parlamento, y miles de mujeres ingresaron al mercado laboral. Sin embargo, el 15 de agosto de 2021 el Talibán retomó el control del país y comenzó una nueva etapa de restricciones: prohibió la educación secundaria para niñas, posteriormente cerró las puertas de las universidades para mujeres y limitó su participación laboral en instituciones públicas, organizaciones no gubernamentales y organismos internacionales.
Nuevas leyes limitan la vida cotidiana
Las prohibiciones llegaron a todos los espacios de la vida cotidiana. Las mujeres fueron excluidas de parques, gimnasios, centros deportivos y salones de belleza. En 2024, el Talibán aprobó la Ley para la Propagación de la Virtud y la Prevención del Vicio, que endureció las reglas sobre vestimenta y comportamiento público. La norma establece obligaciones sobre la cobertura del cuerpo femenino y contempla restricciones sobre que su voz sea escuchada en determinados espacios, afectando actividades como cantar o recitar.
Naciones Unidas ha documentado detenciones de mujeres acusadas de no cumplir con el código de vestimenta. En algunos casos, familiares masculinos tuvieron que presentarse ante las autoridades y firmar compromisos para garantizar que ellas respetarían las reglas. De esta manera, el padre, esposo, hermano o hijo quedó convertido en una figura obligada a vigilar la conducta femenina dentro del hogar.
Cambios judiciales afectan derechos femeninos
El retroceso también llegó al sistema judicial. En enero de 2026, el líder supremo talibán Hibatullah Akhundzada emitió el Decreto No. 12, un Reglamento de Procedimiento Penal de los Tribunales integrado por 119 artículos, que establece normas para la aplicación de castigos dentro de las cortes del régimen.
Entre las disposiciones más cuestionadas se encuentra el tratamiento de la violencia contra las mujeres dentro del matrimonio. Reportes sobre el reglamento señalan que un hombre que golpee a su esposa y le provoque lesiones visibles puede recibir una pena de 15 días de prisión, mientras que determinadas conductas relacionadas con peleas de animales pueden alcanzar hasta cinco meses de cárcel. La comparación fue denunciada por organizaciones defensoras de derechos humanos como un ejemplo de la menor protección jurídica que enfrentan las mujeres bajo el sistema talibán.
El reglamento también contempla sanciones relacionadas con la autonomía femenina dentro del hogar. Reportes sobre el documento señalan penas de hasta tres meses de prisión para mujeres que permanezcan en casa de familiares sin autorización del esposo, así como para quienes las ayuden a quedarse ahí. Organizaciones internacionales han advertido que este tipo de disposiciones refuerzan el control masculino sobre la vida privada de las mujeres y dificultan que las víctimas de violencia puedan buscar protección.
Resistencia femenina ante el régimen talibán
Mientras los hombres afganos pueden continuar estudiando en universidades, trabajar en distintos sectores, desplazarse sin acompañamiento y participar en espacios públicos, las mujeres enfrentan restricciones que afectan casi todos los ámbitos de su vida. Organismos internacionales han señalado que millones de niñas y jóvenes permanecen fuera del sistema educativo debido a las prohibiciones impuestas desde 2021.
El espacio digital se convirtió en uno de los pocos lugares donde algunas mujeres continúan expresándose. Aunque no existe una prohibición absoluta para que todas utilicen redes sociales, muchas activistas trabajan desde el anonimato o fuera del país por temor a represalias. A través de internet documentan restricciones, comparten información y mantienen redes de apoyo, mientras dentro de Afganistán algunas mujeres organizan escuelas clandestinas para niñas que ya no pueden asistir oficialmente a clases.
A pesar del riesgo, algunas mujeres han mantenido la resistencia. Activistas como Zarifa Ghafari, exalcaldesa de Maidan Shahr y una de las voces más reconocidas en defensa de los derechos de las mujeres afganas, así como Tamana Zaryab Paryani, detenida por el Talibán tras participar en las protestas de 2022, se convirtieron en símbolos de una lucha que continúa dentro y fuera del país.
El arte como protesta en Afganistán
La resistencia también encontró una forma de expresarse a través del arte. En 2002 surgió en Kabul la agrupación femenina Burka Band, integrada por mujeres afganas que decidieron permanecer en el anonimato y presentarse utilizando burkas azules como una forma de proteger su identidad y, al mismo tiempo, convertir la prenda en un símbolo de protesta. Su canción “Burka Blue”, publicada en 2003, utilizó la sátira para cuestionar las restricciones impuestas a las mujeres durante el régimen talibán y se convirtió en una de las expresiones culturales que denunciaron la pérdida de libertad femenina en Afganistán. Sus integrantes mantienen oculta su identidad por temor a represalias.
En 2026, Afganistán permanece como el único país del mundo donde las niñas tienen prohibido oficialmente acceder a la educación secundaria y superior. La historia de sus mujeres no es únicamente la historia de un velo impuesto: es la de una generación que pasó de conquistar espacios públicos a vivir bajo reglas que determinan cómo vestir, estudiar, trabajar, viajar y hacer escuchar su voz. El burka azul, las escuelas clandestinas y las protestas de activistas muestran que, incluso bajo un régimen restrictivo, las mujeres afganas han encontrado formas de resistir y reclamar derechos que alguna vez tuvieron.
Datos:
¿Qué cambios enfrentan las mujeres afganas bajo el Talibán?Desde el regreso del Talibán al poder en 2021, las mujeres han enfrentado restricciones en educación, empleo, movilidad, vestimenta y participación pública.
¿Cómo era la vida de las mujeres afganas antes del régimen talibán actual?Durante distintos periodos del siglo XX, mujeres estudiaron en universidades, trabajaron en profesiones públicas, votaron y participaron en la vida política del país.
¿Cómo resisten las mujeres afganas ante las restricciones actuales?Algunas mantienen redes de apoyo, impulsan escuelas clandestinas, denuncian las prohibiciones y utilizan el arte y el activismo como formas de resistencia.
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