■ Las preguntas que faltaron en Toluca■ La fábrica del desencanto■ Falta mucho contra la corrupción en Edomex■ El verdadero examen de la 4T■ Oposición capturada por la mediocridad
Las preguntas que faltaron en Toluca
La visita de la presidenta Claudia Sheinbaum al Estado de México dejó una imagen reveladora: durante la conferencia matutina no apareció una sola pregunta sobre los problemas estructurales que condicionan el desarrollo de la entidad. Nadie preguntó por la economía informal, una de las más grandes del país; por la corrupción municipal; por la opacidad en el manejo de los recursos públicos; por la deuda histórica de decenas de ayuntamientos; por la fragilidad financiera de los municipios o por el deterioro institucional que limita su capacidad para prestar servicios. Tampoco hubo cuestionamientos sobre el diseño del federalismo fiscal, la profesionalización de los gobiernos locales o la reconstrucción del Estado de derecho. Las conferencias son un extraordinario ejercicio de comunicación política, pero el periodismo también tiene la obligación de colocar sobre la mesa las preguntas incómodas. Las respuestas ayudan a gobernar; las preguntas correctas ayudan a comprender los problemas que todavía permanecen sin resolver.
La fábrica del desencanto
La alternancia política dejó de ser garantía de buen gobierno porque buena parte de los ciudadanos descubrió que cambiar de partido no necesariamente cambia la manera de gobernar. Durante años, muchos municipios del Estado de México han transitado del PRI al PAN, del PAN a Morena, de Morena al PVEM o de regreso a las viejas fuerzas políticas sin que los problemas estructurales desaparezcan. Esa experiencia explica por qué el voto se volvió cada vez menos ideológico y más pragmático. El ciudadano ya no deposita confianza permanente en los partidos; administra su decepción entre opciones que con frecuencia terminan pareciéndose demasiado. Esa es, quizá, una de las mayores crisis de la democracia mexicana: la pérdida progresiva de organizaciones capaces de construir identidad, representación y confianza duradera.
Falta mucho contra la corrupción en Edomex
La corrupción no fue la enfermedad del antiguo régimen; fue el régimen mismo. Durante décadas, el saqueo de recursos públicos, la captura de instituciones, la protección política, la impunidad y las redes de complicidad no representaron desviaciones del sistema, sino una de sus formas de funcionamiento en el Estado de México. Por eso nunca existió una verdadera voluntad política para combatirla. Hoy el escenario es distinto. A casi tres años del gobierno de Delfina Gómez, las investigaciones contra presidentes municipales en funciones, expresidentes municipales, exsubsecretarios y otros servidores públicos muestran que, por primera vez en mucho tiempo, existe la decisión de enfrentar un problema que antes se administraba. Sería un error no reconocerlo. Pero sería un error aún mayor dar por suficiente lo alcanzado. El tiempo avanza y el ritmo del combate sigue por debajo de la dimensión del desafío. Si el objetivo es desmontar un régimen construido durante décadas, la voluntad política tendrá que traducirse en resultados mucho más amplios, profundos y visibles. Sólo entonces podrá afirmarse que la corrupción dejó de ser un sistema de poder para convertirse, por fin, en un delito.
El verdadero examen de la 4T
El Estado de México no solo concentra el mayor padrón electoral del país; constituye el principal soporte territorial del proyecto político de la Cuarta Transformación. Por eso, el gobierno de Delfina Gómez será evaluado mucho más allá de sus fronteras. En 2027, Morena podrá perder alcaldías, diputaciones locales e incluso la mayoría en el Congreso mexiquense, escenarios propios de cualquier elección intermedia. El desafío estratégico es otro: conservar los 39 distritos federales de mayoría obtenidos en 2024, base indispensable para mantener la mayoría calificada en la Cámara de Diputados y la capacidad de impulsar reformas constitucionales. El reto mínimo del gobierno mexiquense no consiste únicamente en administrar bien el estado, sino en preservar el principal bastión electoral de la 4T. Si ese respaldo se debilita, las consecuencias políticas no se medirán solo en Toluca, sino también en San Lázaro.
Oposición capturada por la mediocridad
Una democracia no se fortalece cuando un partido domina sin contrapesos, pero tampoco cuando la alternativa es una oposición incapaz de representar los intereses de las mayorías. Ese es hoy uno de los principales desafíos de México, en general, y del Estado de México, en particular. La crisis no consiste en la fortaleza de Morena, sino en que la oposición quedó atrapada en una espiral de pobreza intelectual, debilidad programática y ausencia de liderazgo. Con los cuadros que hoy exhiben PAN, PRI y buena parte de sus aliados, difícilmente puede pedirse a la sociedad que les entregue nuevamente su confianza solo para equilibrar el tablero político. México necesita algo mucho más ambicioso: una nueva oposición, con identidad ideológica, propuestas de gobierno, capacidad técnica y autoridad moral para representar los intereses de las mayorías, especialmente de los sectores más vulnerables. Esa renovación tampoco pasa por fortalecer a la ultraderecha ni por regresar a una izquierda dogmática incapaz de construir consensos. La democracia exige competencia de calidad entre proyectos capaces de gobernar mejor. Sólo así producirá mejores gobiernos, mejores congresos y mejores representantes. Mientras esa alternativa no exista, el mayor riesgo no será la fortaleza del partido gobernante, sino la debilidad de quienes deberían ofrecer una opción superior.
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