■ La misma tijera■ La extinción azul■ El PRI ya les ganó■ Óscar Flores: perdiendo gana■ La kriptonita
La misma tijera
La derecha mexiquense parece haber descubierto que la democracia es un mecanismo admirable, siempre y cuando permita heredar el poder. Fernando Flores en Metepec, Pedro Rodríguez en Atizapán y otros ejemplares de la misma escuela forman parte de una colección política donde el municipio termina convertido en patrimonio familiar. Hablan de ciudadanos, pero piensan en herederos; hablan de libertad, pero veneran el dinero; hablan del pueblo, aunque hace años dejaron de convivir con él. Distintos rostros, mismos hábitos. Como ocurre con las producciones en serie, la fábrica cambia de turno, pero la tijera sigue siendo la misma.
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La extinción azul
El PAN mexiquense camina hacia la elección más peligrosa de su historia. Por primera vez desde que existe como fuerza competitiva en el Estado de México, la pérdida del registro estatal en 2027 dejó de ser una exageración para convertirse en una posibilidad real. El partido se volvió una organización encerrada en sí misma, incapaz de renovarse, desconectada de los problemas de la gente y dominada por una élite que confundió control interno con fortaleza electoral. Mientras Morena avanza en prácticamente todo el territorio mexiquense, el panismo sigue administrando nostalgias. La historia ya les dejó una advertencia en Coahuila. Ignorarla sería el último error de una larga cadena de errores.
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El PRI ya les ganó
Hay noticias que deberían obligar a una reunión de emergencia y a varias lágrimas discretas. De acuerdo con la más reciente medición de De las Heras, el PRI registra mayor identificación partidista que el PAN. Lo extraordinario no es que el PRI siga vivo. Lo extraordinario es que el PAN esté peor. Después de años creyéndose la reserva moral de la República, los azules han logrado una hazaña estadística: colocarse detrás del partido que prometieron sepultar. Están para llorar. El problema es que siguen convencidos de que van ganando.
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Óscar Flores: perdiendo gana
Alguien debería pasarle un pañuelo a Óscar Flores. Sus sueños de convertirse en candidato de Morena al gobierno de Tlaxcala ya descansan varios metros bajo tierra. La política tiene estas ironías: durante meses jugó al futurismo, repartió señales, acumuló desaires y actuó como si la Secretaría de Finanzas fuera una simple sala de espera rumbo a una campaña. La paradoja es notable. Perdió la candidatura que imaginaba, pero conservó el cargo que pudo haber perdido. Haría bien en agradecer la paciencia política de la gobernadora Delfina Gómez, que privilegió la estabilidad del gobierno por encima de los impulsos de quienes ya se veían despachando en otro estado.
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La kriptonita
Más de un alcalde, diputado, secretario y aspirante debería dormir con un ojo abierto y otro puesto sobre el OSFEM. Allí, en oficinas aparentemente aburridas y expedientes que rara vez ocupan titulares, descansa buena parte del futuro político del Estado de México. Y al frente se encuentra Liliana Dávalos Ham, una delfinista de tiempo completo y sin ambigüedades, custodiando cuentas públicas, observaciones, contratos, facturas y pequeñas travesuras administrativas que muchos suponían eternamente sepultadas. La política suele premiar la simulación, pero la contabilidad tiene menos sentido del humor. Más de uno sueña con reelegirse o brincar al siguiente cargo sin advertir que, en algún archivero, alguien ya encontró exactamente dónde tiene pisada la cola.
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