Atizapán de Zaragoza opera en 2026 con un presupuesto de egresos de 4,377 millones de pesos. Sin embargo, en las calles, la cifra choca con una realidad marcada por el desabasto crónico de agua, colonias anegadas durante la temporada de lluvias y una infraestructura urbana rebasada para sus 570 mil habitantes.
Bajo la administración del panista Pedro Rodríguez Villegas, la tensión entre el gasto público y las carencias en los servicios básicos ha escalado, alimentando un reclamo vecinal que cuestiona las prioridades del cabildo. El descontento ciudadano es directo:
«¿Te has fijado cómo para pintar bardas y colgar lonas con sus nombres sí hay millones de pesos? Pero para arreglar el agua de tu colonia te dicen que no hay presupuesto?», señala un ciudadano.
El presupuesto bajo la lupa
El Programa Anual de Obra Pública 2026 contempla recursos por más de 610 millones de pesos. Durante su aprobación, voces opositoras dentro del cabildo señalaron irregularidades, anticipos millonarios y obras multianuales pendientes de revisión. A la par, partidas presupuestales destinadas a la presidencia municipal, estimadas en más de 43 millones de pesos, han generado cuestionamientos por falta de desgloses claros.
Esta opacidad alimenta la desconfianza de los residentes respecto al uso del erario en vísperas del ciclo electoral de 2027. Las denuncias ciudadanas apuntan al gasto en promoción política frente a la falta de servicios: «Mientras los mismos de siempre se gastan millones de pesos en campañas anticipadas, las colonias populares viven en el abandono absoluto. Y ojo, ese dinero no siempre sale de sus bolsas; generalmente sale de tus impuestos».
Excases de agua / Foto: RR.SS.
La crisis hídrica: entre obras públicas y la percepción de despojo
El suministro de agua es el punto de quiebre más severo en el municipio. Los recortes de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) y el crecimiento inmobiliario sin factibilidad hídrica mantienen a decenas de colonias bajo esquemas de tandeo o escasez total, una situación que en 2025 y 2026 ha derivado en bloqueos viales, como los registrados en la avenida Chamapa-Lechería.
Para mitigar el déficit, el gobierno municipal, a través de SAPASA y con intervención de la CAEM, ha perforado nuevos pozos profundos en zonas como la colonia México 86 y Ampliación Emiliano Zapata, además de ejecutar reparaciones en líneas macro en Lomas de Tepalcapa.
No obstante, las medidas institucionales no logran frenar la narrativa de abandono y despojo entre los afectados. Los testimonios reflejan una fractura en la confianza hacia las autoridades en el manejo del recurso.
Aunque la privatización de pozos municipales no figura en los registros de obras recientes, la frase evidencia la vulnerabilidad de las familias frente al estrés hídrico y el desarrollo urbano desregulado.
Inundaciones y baches: la factura de las lluvias
El deterioro del asfalto y la insuficiencia del sistema de drenaje conforman el segundo frente de la crisis urbana. «¿Ya te fijaste cómo Atizapán se inundó de publicidad? Pero tu calle sigue inundada de baches», cuestionan los habitantes de zonas afectadas por obras inconclusas, como Viveros de la Loma.
Los datos duros exponen un problema estructural que rebasa los operativos de desazolve de SAPASA. En agosto de 2025, una tormenta colapsó Villas de la Hacienda; el agua alcanzó los 40 centímetros de altura en avenidas como Luis Donaldo Colosio, arrastrando vehículos. Tres meses después, en noviembre, la ruptura de un tubo maestro de CAEM en San Miguel Xochimanga inundó más de 30 viviendas y 11 negocios, dejando a múltiples familias con pérdida total de su patrimonio. En mayo y junio de 2026, el municipio volvió a registrar encharcamientos severos y coladeras colapsadas.
De la queja a la disputa política
El contraste entre la publicidad visible en el municipio y las deficiencias estructurales ha comenzado a articular un movimiento de base en las colonias más golpeadas. El descontento ya no se limita a exigir la reparación de una fuga o el bacheo de una avenida, sino que apunta a un cambio en el modelo de decisiones.
«A los políticos de siempre solo les queda el dinero y la manipulación. Creen que tapizando a Atizapán con sus campañas millonarias ya nos compraron», advierten los vecinos organizados, quienes exigen transitar de la resistencia barrial a la intervención directa en la política local. El llamado es a modificar de raíz la estructura de poder en el municipio: «No se trata de que una persona levante la mano, se trata de que todo un movimiento popular, construido de abajo hacia arriba, pase de ser espectador a ser el verdadero protagonista de su gobierno».
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