Las leyes dicen muchas cosas.
Regulan procedimientos, distribuyen facultades, crean órganos, establecen competencias.
Pero de vez en cuando una ley intenta hacer algo más ambicioso: definir una visión del mundo.
Eso es lo que vuelve particularmente interesante al anteproyecto de Ley de la Universidad Autónoma del Estado de México.
La discusión pública se ha concentrado en el voto directo para Rectoría. Es comprensible. Las elecciones atraen reflectores. El poder visible siempre llama más la atención que las ideas que lo sostienen.
Sin embargo, el verdadero cambio propuesto no está en las urnas universitarias.
Está en la concepción de universidad que atraviesa el documento.
Y ahí se encuentra el debate de fondo.
Anteproyecto de Ley de la Universidad Autónoma del Estado de México genera interés y debate / Foto: Archivo AD Noticias
Del gobierno universitario al sentido de la universidad
La crisis de 2025 abrió una discusión sobre representación, legitimidad y participación.
Las movilizaciones estudiantiles cuestionaron procedimientos, pero también pusieron en duda inercias institucionales que durante años parecieron inamovibles.
La respuesta universitaria fue elaborar un anteproyecto.
Hasta ahí podría parecer una reacción administrativa.
No lo es.
Basta revisar el lenguaje del documento para advertir que existe una intención más profunda.
La propuesta no se limita a modificar mecanismos de elección.
También redefine prioridades.
La universidad deja de presentarse exclusivamente como una institución dedicada a enseñar, investigar y difundir cultura.
Ahora aparece asociada al bienestar colectivo, la retribución social, la inclusión, la sustentabilidad y la atención de problemas públicos.
No es un cambio menor.
Es un desplazamiento de enfoque.
Anteproyecto de Ley de la Universidad Autónoma del Estado de México genera interés y debate / Foto: Archivo AD Noticias
La universidad y su tiempo
Las universidades nunca son ajenas a la época que las rodea.
El Instituto Literario del siglo XIX respondió a la construcción del Estado nacional.
La universidad desarrollista del siglo XX acompañó la expansión de las instituciones públicas.
Las décadas neoliberales privilegiaron indicadores, productividad, competitividad y rankings.
El anteproyecto parece responder a otro clima intelectual.
Uno donde vuelven al centro conceptos como comunidad, territorio, desigualdad, bienestar y función social.
Eso no significa que la universidad abandone la investigación o la excelencia académica.
Significa que intenta justificar ambas cosas desde una lógica distinta.
La pregunta deja de ser únicamente cuánto conocimiento se produce.
La pregunta pasa a ser para quién sirve ese conocimiento.
La virtud principal
La mayor fortaleza del anteproyecto es que obliga a discutir asuntos que durante años permanecieron fuera del debate universitario.
La participación.
La representación.
La legitimidad.
La transparencia.
La utilidad pública del conocimiento.
Ninguna universidad relevante puede ignorar esas preguntas.
Menos aún una institución financiada por recursos públicos y responsable de formar a decenas de miles de jóvenes.
El documento asume que la autoridad universitaria necesita algo más que legalidad.
Necesita legitimidad.
Y reconoce que una comunidad universitaria contemporánea exige ser escuchada.
Anteproyecto de Ley de la Universidad Autónoma del Estado de México genera interés y debate / Foto: Archivo AD Noticias
El punto más fuerte
La propuesta de voto directo para Rectoría representa una respuesta clara al clima político generado después de la crisis institucional.
No resuelve por sí misma todos los problemas de representación.
Pero introduce un principio difícil de revertir.
La idea de que la comunidad debe participar de manera más amplia en la definición de sus autoridades.
Eso constituye un cambio relevante en la cultura política universitaria.
El principal riesgo
Paradójicamente, el mayor riesgo no está en lo que el documento dice.
Está en lo que todavía no dice.
La ponderación del voto permanece fuera del anteproyecto y será definida posteriormente.
Ahí puede encontrarse la diferencia entre una democratización efectiva y una democratización administrada.
Las reglas secundarias suelen ser menos visibles que los principios generales.
Pero con frecuencia resultan más determinantes.
Anteproyecto de Ley de la Universidad Autónoma del Estado de México genera interés y debate / Foto: Archivo AD Noticias
La otra incógnita
También existe una tensión que merece atención.
La universidad debe fortalecer su compromiso con la sociedad.
Pero una cosa es vincularse con los problemas públicos y otra muy distinta subordinarse a las corrientes ideológicas del momento.
La autonomía universitaria no fue conquistada para aislar a las instituciones.
Fue conquistada para garantizar que pudieran pensar con libertad.
La universidad tiene la obligación de dialogar con su tiempo.
También tiene la obligación de conservar distancia crítica frente a él.
Ese equilibrio será una de las pruebas más importantes de la propuesta.
Lo que permanece
Quienes observan el anteproyecto como una ruptura total probablemente exageran.
La estructura central de gobierno universitario permanece.
El Consejo Universitario conserva un papel determinante.
La autonomía sigue siendo uno de los pilares institucionales.
La arquitectura básica no desaparece.
Lo que cambia es la narrativa que la rodea.
Y las narrativas importan.
Porque terminan orientando decisiones, políticas y prioridades.
Anteproyecto de Ley de la Universidad Autónoma del Estado de México genera interés y debate / Foto: Archivo AD Noticias
La discusión verdadera
La pregunta más importante no es quién ganará una futura elección rectoral.
Tampoco si el Consejo Universitario conservará determinadas atribuciones.
La discusión de fondo es otra.
¿Debe la universidad limitarse a formar profesionistas y producir investigación?
¿O debe asumir una responsabilidad más amplia frente a la sociedad que la sostiene?
El anteproyecto toma posición.
Sostiene que la universidad pública no puede permanecer encerrada en sí misma.
Que el conocimiento tiene una responsabilidad social.
Que la investigación debe dialogar con el territorio.
Que la educación superior debe contribuir a enfrentar problemas colectivos.
Se puede estar de acuerdo o no con esa visión.
Lo difícil es negar que la pregunta merece ser discutida.
Una oportunidad histórica
Todavía es pronto para saber qué partes del anteproyecto sobrevivirán al proceso de consulta y construcción de consensos.
Algunas disposiciones cambiarán.
Otras desaparecerán.
Nuevas propuestas aparecerán en el camino.
Así ocurre con todas las leyes.
Pero hay algo que ya sucedió.
La UAEMéx abrió una conversación que durante años permaneció postergada.
La conversación sobre qué universidad necesita el Estado de México para el siglo XXI.
Y pocas discusiones son más importantes que esa.
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La entrada ¿Qué universidad quiere ser la UAEMéx? se publicó primero en AD Noticias.

